La Manga y Cabo de Palos también pertenecen a Cartagena

CORREO DE ATENCIÓN AL LECTOR diariodelamanga@gmail.com

miércoles, 11 de agosto de 2010

El círculo de los inútiles

Publicado por diariodelamanga en 18:58 No hay comentarios:
Etiquetas: Medio Ambiente

lunes, 9 de agosto de 2010

Las Vergüenzas de La Manga



Publicado por diariodelamanga en 9:26 No hay comentarios:
Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio
Suscribirse a: Comentarios (Atom)

Datos personales

diariodelamanga
Ver todo mi perfil

Noticias

Cabo de Palos

Cabo de Palos
Vista aérea

Vivir al día

UPPER EL PASO PRENSA Y REVISTAS

UPPER EL PASO PRENSA Y REVISTAS
Prensa y revistas nacionales e internacionales, recargas de móvil y otros artículos

Enlaces interesantes

  • Ayuntamiento de Cartagena
  • Fotos antíguas de Cartagena
  • Fotos antíguas de La Manga y Cabo Palos
  • La Manga Consorcio

Teléfonos

  • Ayuntamiento Cartagena 968 128800
  • Ayuntamiento San Javier 968 573700
  • Centro Médico C. Cálida 968 142125
  • Emergencias 112
  • Guardia Civil Cabo Palos 968 563222
  • La Manga Consorcio 968 145360
  • Nicolás Ángel Bernal (Concejal de descentralización Ayto. Cartagena) 968 128817
  • Pilar Barreiro (Alcaldesa de Cartagena) 968 128814
  • Policía Local Cabo Palos 968 337300
  • Policía Local San Javier 968 570880
  • Violencia de Genero 016

Archivo del blog

  • ►  2011 (1)
    • ►  octubre (1)
  • ▼  2010 (33)
    • ►  septiembre (1)
    • ▼  agosto (2)
      • El círculo de los inútiles
      • Las Vergüenzas de La Manga
    • ►  julio (5)
    • ►  junio (3)
    • ►  mayo (4)
    • ►  abril (2)
    • ►  marzo (6)
    • ►  febrero (2)
    • ►  enero (8)
  • ►  2009 (31)
    • ►  diciembre (4)
    • ►  noviembre (5)
    • ►  octubre (10)
    • ►  septiembre (4)
    • ►  agosto (8)

Los orígenes del nombre de Cabo de Palos

Sabemos que en tiempos de los romanos a la gran laguna de agua salada cercana al Cabo que es el Mar Menor se la denominaba "Palus". Podemos encontrar en un mapa del Campo de Cartagena de origen árabe del siglo XII el topónimo de "Taraf al Qabtal".
Otros lugares de nuestro entorno tomaron sin duda su nombre del que tuvieron en tiempos anteriores a los Reyes Católicos, debido a la gran presencia de pescadores catalanes del Reino de Aragón en toda la Costa Levantina. Así encontramos: El Farallón; Illa Grossa; Cala Reona (redona o redonda); Cap Blanc (Calblanque) y tantos otros.

Hace unos 5.000 años, se levantó un poblado en Las Amoladeras. El asentamiento estaba formado por un grupo de cabañas circulares, construidas con ramas y barro. El poblado no contaba con ningún tipo de fortificación y sus habitantes vivían de la pesca y la recolección de marisco. El entorno estaba formado por grandes extensiones de bosques que llegaban hasta la orilla del mar. La riqueza de la Sierra Minera y las condiciones excepcionales del Mar Menor atrajeron nuevos pobladores. Iberos, cartagineses y romanos explotaron las minas de plata y desarrollaron industrias pesqueras muy apreciadas en la Antigüedad.
Seguramente vivieron los árabes en la antigüedad, de ahí topónimos como Zeneta, e incluso antes los romanos tuvieron un asentamiento en las proximidades. Pero lo únicos únicos datos escritos que tenemos de los primeros pobladores, corresponden al Padrón de 1889. Nos cuenta la tradición oral que llegaron de la Costa de Alicante y Murcia, desde la isla de Tabarca a Benidorm, Taulada, Santa Pola, Torrevieja y Garrucha. Vinieron faenando y aprovecharon unas cuevas en la Barra para guarecerse, donde después se construyeron los saleros. Así durante varios años hasta que trajeron a mujer e hijos, construyendo casuchas de madera y aprovechando el manantial de La Gotera o El Aljibe del Raso para obtener el agua necesaria.

Miguel Hernández, un poeta junto al mar

La presencia de Miguel Hernández en la cultura cartagenera nace de la amistad con Carmen Conde y Antonio Oliver, que compartieron admiración por el también poeta oriolano Gabriel Miró. Su muerte en 1930 supuso una gran conmoción para los escritores cartageneros y poca gente sabe que fue en Cartagena donde se compusieron y publicaron las más bellas elegías en honor de este poeta.
Es indudable que una de las claves de la proyección nacional de los intelectuales cartageneros fue la estrecha amistad que unió a Miguel Hernández con Carmen Conde y su marido, Antonio Oliver, nacida por la común relación con Raimundo de los Reyes, la colaboración con el Ateneo de Alicante y el fervor hacia la figura de Gabriel Miró, compartida como sabemos con los hermanos Cegarra y Antonio Ros. Todos ellos se convierten en grandes amigos desde la aparición del número extra del periódico literario 'El Clamor de la Verdad de Orihuela' dedicado a la figura de Gabriel Miró, donde Miguel publicó su poema 'Limón'.
Su relación con la Región
La relación personal de Miguel Hernández con la Región de Murcia fue intensa desde comienzo de los años 30, llegando a tener una cierta proyección pública a partir del 10 de julio de 1932, cuando visitó el diario 'La Verdad'. En enero de 1933, gracias a la intervención de Raimundo de los Reyes, director de la sección literaria del diario, Miguel Hernández pudo conocer en Murcia a Federico García Lorca, que se encontraba realizando una gira con La Barraca. Aprovechando la ocasión Raimundo de los Reyes llamó a su amigo Miguel para que corrigiera en su propia casa las pruebas de su primer libro, publicado en Murcia, 'Perito en lunas'. Fue en aquella ocasión cuando se llevó a cabo la presentación y el encuentro.
Esta entrevista murciana sería el principio de una relación ciertamente curiosa y compleja entre estos dos grandes poetas, que quedarían unidos en nuestra mitología literaria por el común trágico destino de sus vidas. Miguel quedó profundamente emocionado por este encuentro con el ya consagrado poeta granadino, que mantenía una intensa relación con la región a través del Suplemento Literario de 'La Verdad' y la revista 'Verso y Prosa', donde aparecían sus colaboraciones. García Lorca vestía aquel día el mono de La Barraca y se dirigió por la murciana calle de la Trapería con Raimundo De los Reyes hasta la casa de éste. Con el texto de 'Perito en lunas' en manos de Federico, mantuvieron una animada conversación, que terminó con un largo y amistoso paseo por la orillas del río Segura en el que García Lorca acabó contagiándose del buen humor e ingenio de Hernández.
Su amistad con María Cegarra
Miguel Hernández conoció a María Cegarra el 2 de octubre de 1932 en Orihuela, con ocasión de la inauguración del busto de Gabriel Miró en la Glorieta de dicha ciudad. La casualidad del incidente entre Ernesto Giménez Caballero y Antonio Oliver propició este encuentro. Al acto de Orihuela había sido invitado Azorín, pero no contestó a la invitación ni fue al acto. Le sustituyó Ernesto Giménez Caballero, quien en su discurso comentó de forma irónica refiriéndose a los conservadores: «...nosotros los que hemos traído la República...»
Y Antonio Oliver, en medio de un gran nerviosismo, le increpó acusándole de mentiroso. Ante este hecho intervinieron los servicios de seguridad, que se llevaron detenido a Antonio Oliver. Mientras tanto, Carmen Conde y María Cegarra permanecieron en la cafetería del Hotel Palace, donde también acudió Miguel Hernández, que entregó a Carmen Conde, sin alterarse demasiado por lo sucedido, el texto autógrafo de 'Perito en Lunas', que ya estaba en imprenta aunque no saldría hasta el año 1933.
La vinculación de Miguel Hernández con Cartagena y María Cegarra se hace muy intensa desde aquel momento: existen unas cartas, poco conocidas a nivel nacional, en la que se vislumbra una intensa relación entre ellos, truncada en parte en 1935 cuando Miguel Hernández se comprometió con Josefina Manresa. A pesar de la indiferencia de María a los requerimientos del poeta oriolano, sin duda provocada por las profundas creencias religiosas y la estricta educación de María, en su obra poética es evidente la presencia de Miguel Hernández, especialmente en su obra 'Cristales míos'.
Carmen Conde y Antonio Oliver tenían un gran aprecio personal hacia Miguel, y le hacían partícipe de su labor cultural y pedagógica: el 28 de julio de 1933 el poeta oriolano recitó por mediación del matrimonio en la Universidad Popular (UP) varias de sus composiciones, aún inéditas.
Desde aquel verano la relación de Miguel Hernández con el círculo cultural cartagenero se ampliará, publicando en la prensa de la ciudad otros trabajos. Dos años después, el 27 de agosto de 1935, con motivo del tricentenario de Lope de Vega, Miguel Hernández ofreció en el Ateneo de Cartagena un recital de versos escogidos del 'Fénix de los Ingenios', y al día siguiente acompañó a Carmen Conde y su marido en una excursión a Cabo de Palos, donde recordaron a Gabriel Miró con la lectura del poema de éste 'El caracol del faro', obra que está inspirada en las visitas nocturnas del escritor alicantino al faro de Cabo de Palos.
Volviendo a la relación con María Cegarra, la investigadora Belén Pardo sostiene, basándose en la correspondencia publicada de Miguel Hernández, que 'El rayo que no cesa' está dedicado a María Cegarra y no a Josefina Manresa.
Según este testimonio, está demostrado que en julio de 1935 su relación con Josefina estaba deteriorada. Miguel residía entonces en Madrid e iba periódicamente a Orihuela a ver a sus seres queridos, pero escribió a Carmen Conde y a Antonio Oliver para que le invitasen a Cartagena y poder así estar con ellos y con María unos días, lo cual consiguió finalmente, no logrando, sin embargo, conquistar definitivamente el corazón de la escritora unionense.
En 1936 la relación de Miguel con Cartagena se centra en la publicación de sus artículos de prensa en homenaje a Ramón Sijé. Todos los intelectuales cartageneros se unieron a la iniciativa de crear una beca de estudios en honor a su memoria, lo cual les granjeó la estima de su íntimo amigo Miguel.
Tras aquella última colaboración, la vida de Miguel Hernández fue complicándose, y al mismo tiempo la situación política y social del país se hizo insostenible: la Guerra Civil Española, dividió e hizo tomar partido a muchas familias y a muchos amigos. Y fue efectivamente la Guerra lo que rompió estos lazos de amistad, amor y cultura entre los escritores murcianos y alicantinos, lo que destrozó los sueños forjados por una Generación irrepetible, de la que es uno de sus mayores exponentes Miguel Hernández, que conoció tras el conflicto la prisión y la muerte.

El movimiento segregacionista de La Manga cumple 25 años

Nuestra comunidad autónoma es la que menos municipios tiene dentro del conjunto del Estado. Esto se traduce en un férreo centralismo municipal de los tres grandes municipios de nuestra región, que los habitantes de las pedanías venimos sufriendo durante demasiados años. Ya no sólo disfrutamos de peores servicios pagando los mismos impuestos, sino que además tenemos menos derechos que el resto de los murcianos, somos ciudadanos de segunda clase. Además, esto perjudica al conjunto de la Región de Murcia y a la legitimidad de unas instituciones que representan a los ciudadanos de forma asimétrica y desproporcionada. En lo que respecta a las pedanías de la ciudad de Cartagena, no tenemos ni voz ni voto ni decisión en los temas que nos afectan, no podemos elegir a nuestros representantes vecinales de forma directa en las urnas, no constamos en los presupuestos. Ha llegado la hora de que los ciudadanos nos hagamos oír y reclamemos lo que, por derecho, historia, identidad, justicia, prosperidad, salud democrática y sentido común, nos corresponde. Es el momento de que se creen nuevos municipios en esta comunidad, empezando por el de El Palmar, el Raal, La Manga y el de Alquerías, Los Ramos y Cañadas de San Pedro (que ya están en pleno proceso de segregación), y siguiendo por todas aquellas pedanías en las que la mayoría de sus ciudadanos así lo manifiesten. Los ciudadanos de La Manga llevamos más de 25 años reclamando nuestro propio Ayuntamiento. Cada día vemos cómo nuestros pueblos se están convirtiendo en meros lugares dormitorio, mientras la actividad económica se desplaza a otras zonas por falta de inversión. El estado de los servicios es lamentable, sobre todo, en la zona que pertenece a Cartagena. No podemos quedarnos de brazos cruzados viendo cómo otros nos gobiernan y deciden sobre nuestro futuro, a kilómetros de distancia. Se nos priva de derechos fundamentales, y no tenemos ni voz ni voto en los temas que nos afectan. Pero, ¿dónde están la libertad y la democracia en esta comunidad autónoma? ¡Basta ya de colonialismo y caciquismo!. ¿Dónde está la decencia democrática de los que nos gobiernan? El porvenir de nuestros hijos y el futuro de nuestra tierra depende de nuestra segregación.

LA MANGA NO TIPYCAL

En estos momentos en los que la situación de crisis mundial se ceba con el desempleo español y pasa factura a todos los aspectos de la economía, sobre todo al sector de la construcción, hay situaciones que nos producen alegría y esperanza, al tiempo que permiten vislumbrar salidas dentro de este abismo de desesperanza y pesimismo en el que un numeroso grupo de ciudadanos se encuentran instalados desde hace poco más de un año.
El pasado sábado, dentro del programa del Festival de Jazz de San Javier, los turistas y residentes de La Manga tuvimos la suerte de asistir a un excepcional concierto en el incomparable marco del Puerto de Tomás Maestre. “La Porteña Jazz Band” ,un clásico del Jazz argentino, desembarcó de manos del reconocido festival , haciendo las delicias de las más de trescientas personas que allí se congregaron, en su mayoría turistas deseosos de actividades culturales complementarias al sol y playa.
Algo que para cualquier ciudad española pasaría desapercibido o al menos difuminado por otras muchas actividades culturales (pintura, música, conferencias, congresos, etc) programadas para hacer más atractiva la temporada estival a sus visitantes, en La Manga del Mar Menor se considera un evento de dimensiones históricas por su carácter excepcional. ¡Una vergüenza¡.
En este lugar donde durante más de 25 años la pretensión fundamental de empresarios y el deseo de los Consistorios había sido construir viviendas unifamiliares y edificios –sin orden ni concierto- hasta el momento actual en el que nos encontramos, con una manga de arena colmatada de construcciones privadas pero sin las mínimas infraestructuras públicas tan necesarias en cualquier zona de alta incidencia turística, el simple hecho de que alguien, en este caso el Consistorio de San Javier, decida nombrar a La Manga como subsede del Jazz de San Javier, merece aplausos y elogios de quienes seguimos creyendo en las posibilidades de un turismo eco-sostenible para esta zona única en el Mediterráneo, a pesar de los oscuros deseos de los especuladores.
El viernes se dieron cita junto al Mar Menor turistas de los hoteles cercanos, vecinos de zonas ribereñas que accedieron a viajar gratuitamente en Ferry hasta el lugar del concierto y amantes de la música en general que coincidieron en la espectacularidad del evento. Pues bien, no sólo hubo música en el Puerto, repleto de yates y veleros espectaculares, sino que, hasta altas horas de la madrugada, miles de personas ocuparon las terrazas de los comercios de hostelería convirtiendo una simple noche de verano en un espectáculo nocturno de cultura y diversión para todos los públicos.
A nuestro juicio, todo esto viene a demostrar que LA MANGA necesita del lema turístico(y de sus millones de euros) que proclama el Consejero de Turismo “MURCIA NO TIPYCAL” , sobre todo porque no es típico que un gobierno regional responsable desatienda sus inversiones para el fomento y sostenimiento del turismo en un espacio físico tan privilegiado como este. Tenemos unas condiciones medioambientales todavía buenas pero nuestras necesidades son las mismas que cualquier otra zona de alta incidencia turística del Mediterráneo, es decir, necesitamos contar con una municipalidad que sienta como suya la zona en lo que respecta al capítulo de inversiones (no solamente cuando hay que cobrar impuestos como ocurre con Cartagena); un Consorcio capacitado para asumir más responsabilidades, que deje de estar atado (políticamente hablando) por unos estatutos “oxidados por la humedad del mar” y decida cubrir las expectativas de los ciudadanos; y un Gobierno Regional que lleve a cabo una efectiva discriminación positiva sobre esta zona del litoral murciano tan maltratada por la especulación urbanística durante demasiados años.
Salvador Martínez Pérez, portavoz del GRUPO PSOE LA MANGA.
ARTÍCULO DE OPINIÓN – 12 de julio de 2009

El naufragio del "Sirio"

Al joven Martín Hailze le salvó la vida el descuido de un obispo. Y aunque habría de sentir remordimientos durante el resto de su vida, no titubeaba al afirmar que aquel «ya tenía cumplida su misión, mientras que yo soy joven». Los gritos de desesperación en la cubierta, las peleas a navajazos por conseguir un salvavidas mientras unos clérigos bendecían por doquier, el estruendo de hierros retorcidos, las súplicas de auxilio de quienes saltaban al agua y el crujido de la estructura, que la mar devoraba, hicieron pensar a Martín que había llegado su hora. Pero no sucedió, aunque lo parezca, en el legendario Titanic. Ocurrió en 1906 frente a los costas de Cabo de Palos, a bordo del Sirius o Sirio, el trasatlántico protagonista del mayor naufragio en la historia del Mediterráno.
A las cuatro y cinco de la tarde sucedió la tragedia. Era sábado. El vapor, de la Compañía General de Navegación Italiana, cubría su ruta hacia el puerto de Cádiz, donde debía completar el pasaje y zarpar con rumbo a Brasil. Procedía de Génova, en cuya capital había tomado 620 pasajeros. Había hecho escala en Barcelona, recibiendo a bordo unos 75 pasajeros más, que con los 127 hombres de su tripulación sumaban un total de 822 personas, en su mayoría mujeres y niños de corta edad.
Al cruzar por delante de los peligrosos Bajos de las Hormigas, un lugar tan maldito como presente en todas las cartas de navegación, un estruendo interrumpió la rutina de los pasajeros. El barco embistió las piedras. El pánico que se apoderó de los de a bordo, según publicó El Mediterráneo de Cartagena, «no es para describirlo. Los gritos de dolor, las imprecaciones, las voces angustiadas que pedían socorro, se confundían con el ruido estridente de la embarcación naufraga, que tambaleándose entre los escollos en que estaba sujeta, se tumbó de babor, no presentando a la superficie más que la parte de proa, viéndose también el puente y las dos chimeneas». Llegaba el final.
La explosión de las calderas precipitó el fatal desenlace. El joven Martín explicaría después que se cometieron «escenas de verdadero salvajismo. Peleábanse entre sí hombres y mujeres por los salvavidas; pero, cómo: a patadas, a puñetazos limpios, con uñas y con dientes. Hasta vi algunos esgrimiendo cuchillos. Un hombre alto y fornido sostenía feroz lucha con una joven de rara hermosura, casi una niña, a la cual quitó el salvavidas, y con él logró salvarse».
La historia sólo rinde tributo al segundo piloto del buque, el único oficial que no abandonó la nave cuando todo estaba perdido. El capitán José Piccone, con casi 50 años de navegación en sus barbas, y el resto de oficiales no perdieron ni un segundo en saltar a los botes salvavidas. Los diarios destacarían más tarde el «criminal abandono o imperdonable impericia del capitán del buque». Él se defendió negándolo todo. Las investigaciones posteriores, a cargo del Gobierno italiano, revelaron un dato de una actualidad pasmosa. El Sirius, aparte del pasaje legal, se dedicaba a recoger inmigrantes clandestinos a lo largo de la costa española. Quizá por ello navegaba tan cerca de tierra. Por tanto, sólo las profundidades de la mar, que en ese punto alcanzan los 70 metros, conocen el número exacto de muertos.
Ángel Rojas Penalva, en su obra El Naufragio del Sirio, una auténtica enciclopedia para descifrar la tragedia, aporta estos datos y concluye que «la capacidad oficial del buque era de 1.300 pasajeros distribuidos en 80 de primera clase, 40 de segunda y 1.160 de tercera». Pero añade: «Otras fuentes consultadas cifran entre 700 y 1.700 el número de pasajeros. Debido a que en los ranchos se contaba a 4 menores como 1 pasajero, la cifra real parece que debió ser más próxima a los 1.700 que a los 700. Pero la mayoría de las fuentes no hace referencia a los pasajeros embarcados de forma ilegal en el Sirio, cuya cantidad pudo ser muy elevada».
La ayuda llegó pronto. En aquella zona había otros buques que incluso presenciaron el terrible naufragio. Pero pocas tripulaciones se decidieron a acercarse al buque siniestrado y, si lo hicieron, fue con muchas precauciones. No sucedió así con los pescadores de Cabo de Palos. Gracias a ellos, centenares de personas salvaron la vida. El patrón Vicente Buígues, en contra de la opinión de sus compañeros, acercó su embarcación de pesca al lugar y logró rescatar a más de trescientas almas que vivieron para contarlo. Como le sucedió al joven Martín, quien ya se creía perdido cuando observó que al obispo de Sao Paulo, Monseñor José de Camargo, mientras descendía por un cabo, se le caía el flotador. Martín lo atrapó y el prelado, quien había consolado a decenas de náufragos en cubierta sin intentar ponerse a salvo, se lo cedió. Así cuentan que se ganó el cielo. Hasta quiso el destino que su cuerpo no fuera devorado por las alimañas marinas porque, un mes y medio después, apareció en las costas de Argelia.
(DIARIO LA VERDAD 03/09/09)
Tema Filigrana. Con la tecnología de Blogger.